Te
pienso expectante, de pequeños murmullos; te quiero, alucinante, de varias
radiolas, que tocan una sola rola.
La
voz del deseo, se me viene aullando despacio, lares de sonrisas, desperdigando
emociones en la nada, pienso en qué dirás cuando me ciego en tus amores, pienso
en que pasara si alimento a la bestia, con algo de lo que no estaba
acostumbrada, es algo diferente, conflictual. Sensaciones difíciles de
explicar, muy fáciles de percibir; con cada verso confundo tus besos, con cada
palabra entorpezco tus quereres, sé que si dejo de querer ahí estarás a la
puerta de mis delirios, ¿es que acaso no encuentro una soga voraz que ahogue
mis ganas?
¡¿Sigo
esperando aquel ser que deviene de mis demonios?!
Sigo
sin saber cómo te veo, mis ojos cada vez se apagan, mis voces cada vez se
difuminan en el silencio espectral, no trates de entenderme no, ni yo suelo
hacerlo nunca, solo disparo emociones a millones de lugares, en donde chocan
entre ellas y me golpean en un solo lugar.
Ya
estoy viejo de años de amor, estoy eterno entre pensamientos de vagos romances,
pasajeros, letales, el hogar de todas mis suplicas, la hoguera de toda mi
alquimia emocional, ausencias de hambre, deudoras ganas de poseer lo que no se
le ha perdido a nadie, ganas de tocar lo que no existe, el deseo de besar aquel
aire de suspiros, las ganas de devorar las tristezas, cada una, con voraz
satisfacción de saber que al tragarlas, ellas te consumen, es la sensación que
se tiene cuando uno fuma un cigarro, te sientes tan lleno, que al soltarlo
sientes claramente como tu vida se escapa.
Todo
lo dulce es al final amargo y todo amargo termina al final dulce.
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