domingo, 13 de julio de 2014

CÓMO LOS GOLPES DAN FORMA


Era una fría mañana de Diciembre, los cerezos pintaban de rojo las calles de tierra, mientras yo me levantaba de mi cama desconforme por el hambre de ayer, mientras me ponía mi poncho recordaba las palabras de doña Clementina: si necesitas ayuda acude a Dios, él tiene todas las respuestas.

Lo hice así, fui hasta la capilla del padre Sixtino, eran las 8:15 de la mañana, con las justas tenia para mi par de zapatos, así que no podía tener un reloj de muñeca, en realidad observe a un extraño mientras compraba en la tienducha de don Eloy; me encontraba un poco triste mirando a ese pobre hombre colgado en ese trozo de madera, con la cabeza agachada, y mirando al suelo, rodeado de tanto oro, pero harapiento de vestido,  nuevamente recordé las palabras de mi vecina y me preguntaba:  ¿Cómo puede alguien tan pobre tener todas las respuestas? incluso me dije que era tan miserable aquel hombre, que rodeado de oro, no podía ni siquiera tener un buen par de zapatos, como los de Santiago, él debería ser el niño más feliz de todo el barrio, y sino, uno de ellos. Luego de un par de minutos de pensar y pensar me dolieron las rodillas de pasar tanto tiempo esperando respuestas ante altar de pobres miserables y salí del lugar, sin pena ni gloria, a propósito, la tía Gloria quizá podría ayudarme un poco, ella es de las que se pasa ayudando a todo el mundo, aunque es un poco intensa, podría darme algo para que no me crujan las tripas.

-¿Qué tal estamos de carácter?- Llegue vociferando como cantando una canción.

-¡Guambra este! ¿Ya arreglaste la chapa de la puerta e calle? Me reclamo como todos los días que nos vemos, y es que siempre que nos veíamos tenía que decirme algo que no hice bien o algo que no lo hice, jamás algo que hice.

-Estoy en esas, deme un poco de pan pa las fuerzas. Le anticipé, antes de que siguiera con los mandados.

Con clavos y martillo en mano me dispuse al deber. Pasaron una tras otra las horas, sin encontrarle un componte al asunto, hasta que histérico no pude más y le desbarate a martillazos; al estruendo mi querida tía respondió con un buen palazo que me hizo crujir los dientes. Fui llorando y hambriento hasta la esquina donde me alcanzó mi tía, llorando le pedí clemencia, pero ella con una sonrisa y pan en mano me dijo: "Guambra cojudo que también harías pero ya valió". ¡Al fin un poco de pan! me lo comí cual si fuera manjar de los dioses aunque tuve que masticarlo bien porque estaba un poco duro. Entonces comprendí que si algo quería, a martillazos lo conseguiría.

Ya 20 años del suceso, todavía tengo la puerta guardada en el pasillo, la tía Gloria se ha ido, el Padre Sixtino también, y no pasa un solo día en el que no recuerde el momento en el que de un palazo me sorprendió el destino, que un dolor de barriga me enseñara que si quieres algo debes conseguirlo por tus propios métodos, que todos sabemos lo que debemos hacer, por más torpes que seamos, yo encontré lo mío y doy gracias a Dios por ello, no a aquel pobre hombre, miserable ante sus seguidores, sino a Dios.

Hoy termina otro año de trabajo duro, de manos cansadas, ojos empolvados, y brazos golpeados, pero tranquilo al fin, compartiendo un pan y chocolate caliente con mis dos pequeños hijos quienes me miran agradecidos y con sus risas me hacen comprender que en la pobreza sabe mejor el amor.

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