domingo, 13 de julio de 2014

BAJO SU SOMBRA


Miro pasar a varias generaciones. Un viejo confidente, guardo muchas historias de quienes se han sentado junto a mí, sosteniendo un libro, tomados de la mano o en solitario, sentados a mi costado tomándose un café, viendo a un lado u a otro. Escucho, observo, pero mi boca está cerrada, muda, no menciona ni una sola palabra. Mi piel seca, dura, madura y arrugada, como la de un viejo, llena de golpes, gotas de agua y otras sustancias que no quiero mencionar.

Silban, pasan, comen, sueñan y me nombran, todo esto sin saber que los escucho, que los miro. A veces pasan cosas curiosas, sin que nadie mire: un polluelo recita un poema de amor en sus trinares; una huraña araña, perdona a la mosca por pereza; la hambrienta rata se cobija junto a la hierba, sin saber que no despertará; un risueño pequeño que me ve y sabe que lo veo, ríe y sabe que lo escucho, olvida sin saber que yo jamás lo hago.

Recuerdo haber nacido viejo y sé que moriré de la misma edad con la que nací, sé que mis palabras son gemelas a las de mis hermanos, sé que aunque saltemos y lloremos ante Uds. no sabrán imitar al pequeño aquel, quizá ese sea el motivo de nuestro ancestral silencio. Aun así no conozco en mí, la espalda que Uds. me dan, donde sea que me miren estaré mostrando mis rostros para el que quiera ver y mis sombras para el que quiera mi compañía, a solas.


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